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Vivir la cultura para contarla

Gisella Ferraro, conductora de Cultura al aire en Señal U, llegó de San Luis hace 10 años para meterse de cuerpo y alma en la escena mendocina.

Nacida en Villa Mercedes, San Luis, hace 28 años, a los 17 llegó a Mendoza a estudiar y acá se convirtió en licenciada en Letras y periodista. Pasó de escribir críticas de teatro en Los Andes y producir radio en FM UTN, entre muchas otras cosas, a ser hoy la cara de la cultura en Señal U, el canal de la Universidad Nacional de Cuyo. Te presentamos a Gisella Ferraro.
Hoy produce y conduce Cultura al aire, un programa semanal con entrevistas a personalidades y notas sobre la actualidad cultural mendocina, y está a cargo de la columna del mismo tema en el noticiero de la noche. Además colabora en Hacete cargo, el programa de la tarde de MDZ Radio.
«Soy tan autoexigente que creía que nunca estaba a la altura para tener un programa propio. Es un error, en realidad está buenísimo darse la oportunidad de equivocarse, pero soy medio loca en eso», dice riendo. Y agrega: «Elegí el periodismo y las letras por lo mismo. Estudié Letras para ver la historia y la sociedad a través del filtro de la ficción, como otra posible interpretación. No lo logré. Entonces estudié periodismo para entender esa actualidad y esa inmediatez, y me orienté hacia la cultura para poder hablar de la sociedad sin que se notara, o desde el tamiz de un artista que percibe la sensibilidad del momento», me cuenta, hablando con las manos a la par.
«Mis dos intereses siempre fueron las políticas culturales y las políticas de comunicación, que he ido siguiendo de cerca, sobre todo con la evolución de estos últimos años. Señal U es el primer canal universitario del país en abrir en la Televisión Digital Abierta (TDA), Mendoza fue pionera», dice.
–¿Siempre quisiste hacer televisión?
–No, nunca se me ocurrió, pero siempre estuve atenta: apenas se pude, compré la antena de TDA. Quería ver qué pasaba, los medios nuevos que se abrían. Tenía amigos en los medios que me decían que fuera, pero me asustaba la presión, los horarios. De mandada hice unos castings y quedé. En la tele aprendí a delegar responsabilidades. Ni siquiera la imagen es mía: es de una maquilladora, de los diseñadores que me visten. Hay una cámara que te registra y un editor que te edita y vos no podés controlarlos. Aprendí a laburar en equipo.
–¿Consumías cultura mendocina desde antes?
–Sí, obviamente. Esto es una decantación de años en los que he estado descubriendo.  Me gusta mucho salir, sociabilizar, descubrir cosas.
 –¿Siempre que salís estás en «modo periodista cultural»?
-¡Sí! No lo puedo separar. Busco lo que me gusta para darlo a conocer. Va más allá del laburo. Estoy muy acostumbrada a ir al teatro. Antes iba siempre sola, era muy de ir, anotar y volverme a mi casa a escribir. Con la música me pasa lo mismo. Yo voy, tomo algo, y si me gustó la obra seguro que me quedo hablando con el artista, desde donde yo sé y desde donde yo le quiero preguntar.


–¿Y cuál es tu costado artístico?
–Era la escritura (risas). Típica de participar en ciclos de literatura, de lectura, escribir. Uno siempre empieza escribiendo poesía, creo. Las mías eran en formato medio libre y resonante. No voy a decir que eran microrrelatos, pero más o menos así. Lo que pasa es que le metí mucho a la crítica, mis críticas no tenían mucho de periodismo, eran como una interpretación de la estructura que hay atrás, en otras palabras. Hice varios cursos, estuve tres años escribiendo crítica a full y el año pasado fue la primera vez que me silencié. Ahora escribo como terapia, como catarsis, pero solo para mí. Ya va a llegar, porque todo es cíclico. De música no hago nada porque soy muy ansiosa y no puedo esperar… a aprender (risas). Y actuación tengo propuestas para hacer cosas pero las tomo como herramientas para seguir comunicando.
–¿Cómo es tu vida en Mendoza?
–Hace 10 años que vivo acá, he vivido con compañeros, sola, en pareja, siempre en el centro. Ahora estoy buscando mudarme a un lugar con patio, en el Bombal que me gusta mucho. En mi departamento lo único que hago es comer y dormir, laburo mucho tiempo afuera. Cuando volví de Francia (un año, por una beca, a los 25) trabajar en San Luis no era una opción porque los medios son muy complicados, dependen casi todos del gobierno provincial. Además ya me había involucrado con fenómenos culturales que no suceden de la misma manera en ciudades más pequeñas. Tampoco era una opción quedarse en Mendoza, lo sentía más como de paso, es muy difícil insertarse acá cuando sos de otro lado.
Sin embargo la vida la invitó a quedarse en Mendoza, donde ya tiene un lugar en la comunicación cultural, y se lo toma muy en serio. «Los contenidos que abordo son cosas que sigo, obras que veo, músicos que conozco», dice. «Me encanta la posibilidad de vivir estas cosas, me gusta, voy, los veo, entiendo todo el ambiente del lado de atrás, y me gusta mucho poder comunicarlo».
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