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Candela Berbel: una vida modelo

A un año de radicarse en Buenos Aires, la mendocina de 22 años –Reina de la Vendimia 2013 y modelo de la agencia Multitalent– se reinventa y busca formarse para crecer.

Candela Berbel ya no es la adolescente de dulce sonrisa que conquistó a Mendoza y al país como Reina de los Estudiantes, del Agua posteriormente, y de la Vendimia, para terminar. A sus 22 años y con la sonrisa intacta, hace más de un año que es modelo de la agencia Multitalent, está radicada en Buenos Aires y, además del trabajo, se dedica a estudiar periodismo (en TEA) y teatro (con la profesora Flavia Gresores Lew).

«Estoy haciendo varias cosas, están todas relacionadas y todas me sirven. Estoy tratando de armar todos mis pedacitos para poder armar una buena estructura, para que después pueda moverme en todos estos ámbitos, porque el teatro me sirve para el periodismo, son cosas que se conectan que si las puedo hacer todas, excelente, a eso es a lo que apunto, dice, y se nota que tiene los objetivos claros.

Con solo 18 años, y recién graduada de la secundaria, Suyai Candela se vino de su Malargüe local a vivir a Mendoza, vivió dos años con su hermana –que había hecho lo mismo unos años antes– y durante el año de su reinado nacional de la Vendimia, se mudó sola a un departamento. «Primero vine a estudiar relaciones institucionales, no me gustó, hice un año de publicidad, no me gustó, entonces fue el año que salí reina (2013) y al otro año ya me vine a Buenos Aires», recuerda.

De sus reinados dice que no se animaría a revivir ninguno y que «todo lo que tuvo que pasar, pasó en ese momento». Sabe que si se hubiera quedado en Mendoza, a lo mejor el camino hacia los medios hubiera sido más corto, pero no lamenta haber elegido el más largo: «Mirándolo ahora a la distancia prefiero esto, de formarme bien y empezar las cosas teniendo un sustento mejor».

Reconoce que sus trabajos como modelo (para publicaciones de tejidos, producciones de moda para revistas, o comerciales de televisión) no le alcanzan para vivir y que todavía la ayudan sus papás, pero no pierde el foco.

–¿Tenés un trabajo soñado o algo en particular que sea tu objetivo?

–Ahora no. Todavía es como que estoy anonadada con la cantidad de cosas hermosas que estoy logrando hacer. Antes tal vez decía «bueno, sí, voy a ser modelo, quiero ser modelo». De repente llegué a Buenos Aires y me puse a estudiar teatro. Y me encantó y dije «¡uy! bueno, quiero ser actriz», y ahora empecé periodismo, ¡y me encanta el periodismo!

El cursado y las clases de teatro se intercalan con prácticas de acro-yoga y obviamente con los castings a los que tiene que asistir, las entrevistas de trabajo del mundo del modelaje. «Lo más regular de mi trabajo son los castings para campañas, desfiles o comerciales. Yo soy muy petisa para desfiles (mide 1,65) así que voy mucho a los de comerciales de la tele», cuenta. Las convocatorias para ser promotora en «Bailando por un sueño», por ejemplo, las deja pasar.

«Mi booker (su nexo con la agencia Multitalent) me manda un mail avisándome que mañana a tal hora en tal lugar hay un casting, y yo puedo decidir si voy o no voy.  Tampoco puedo decir a todo que no, si no vas a los castings te perdés una oportunidad de trabajo, es como una entrevista laboral».

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–¿Se puede llegar a vivir del modelaje?

–Si te va muy bien, sí, porque se paga muy bien. Yo no vivo de eso, pero alguien que es más conocido y tiene más contactos, sí. Hasta que no te hacés un nombre allá, es complicado. Conozco chicas a las que les va muy bien, y viven de eso, y si yo te muestro una foto, vos no las conocés, o sea, no son famosas. Hay muchísimas modelos que laburan muy bien y que no son famosas, que de hecho para mi es ideal. En esto trabajás con la imagen, con el cuerpo, es complicado de llevar, y la fama le suma, a mi gusto, muchas complicaciones a la vida.

–¿Llegaste a tener popularidad a un punto que te molestó?

–Nunca que me molestara, pero sí un nivel de popularidad que no me esperaba, durante mi año de reinado. Iba al supermercado con rodete y jogging y la gente me reconocía. Y eso no es ni una milésima de lo que es la fama.

Después de estar de novia durante dos años y medio, ahora está soltera y dedicándose a ella misma. «La relación fue hermosa, aprendí un montón y no tengo más que recuerdos lindos y mucho amor. Si miro atrás, sonrío porque fue hermoso, pero la separación fue en el momento justo. Yo estaba viviendo en Buenos Aires con un cable a tierra muy fuerte en Mendoza (su novio vivía en Mendoza). Fueron siete meses de relación a distancia y la verdad es que es súper difícil de llevar, más cuando no sabés por cuánto tiempo va a ser».

«Estoy en una etapa de reafirmarme un montón», dice Candela, «haciendo cosas que quería y que me gustaban y que acá no hacía. Ha sido un año de formarme, siento como que se van juntando todas las partes que tienen que ir».

«Estoy cansada, pero no paro porque no quiero», dice, y resume todo. En Buenos Aires, cuando tiene tiempo libre, pulula por tanto evento como le sea posible: «Hay tantas cosas para hacer, me gusta mucho ir a muestras de fotografía, hay proyecciones con música en vivo… lo que se te ocurra. Me encanta consumir arte».

En síntesis, un año enfocado en la formación y el crecimiento: «Sigo estando firme con el modelaje y la agencia, pero sumé más cosas. El año pasado necesitaba estar en el lugar, acostumbrarme, y ahora que estoy acostumbrada puedo llevar más cosas adelante. Ha sido un año increíble, un año de estar muy conmigo, ¡estoy como muy bien!», dice por fin, con una sonrisa enorme.

 

Fotografías: 2 Torres Fotógrafos (especial para InMendoza).

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