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El mundo creativo y «extraño» de Lucila Cairo Guerra

La directora de arte que elige México para vivir, volvió por unos días a Mendoza y nos regaló una conversación hermosa sobre su vida, sobre lo que vendrá y también de las miniaturas que la siguen a donde vaya. 

«El cielo está negro, va a caer piedra», vaticinó la mendocina tras levantar su mirada y prestarle atención a las nubes grises. Y así fue, mientras charlabamos de su presente en México, el granizó apareció y creó una escena perfecta con Lucila Cairo Guerra de protagonista.

Estábamos bajo techo y tras el vidrio, se formó la clásica tormenta veraniega de esas que todos queremos escapar. Nosotros nos refugiamos en un diálogo más que interesante en el que paseamos por el pasado, el presente y el futuro de la directora de arte que no se considera artista pero que, a nuestro entender, sí lo es. 

«Es Lucila, no Lucía», aclara en su Instagram @mundoextranio; ella es quien marcó un antes y un después en la creatividad y producción local con su proyecto Mothership, el cual comandó junto a Tom Escobar, su compañero de ruta y de trabajos. 

Estudió la Licenciatura en Historia del Arte y trabajó casi una década en el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza donde conoció, aprendió y se desenvolvió en diferentes áreas de su profesión. «Fueron años muy interesantes y Laura Valdivieso me enseñó todo. Bueno, primero mi mamá y después ella (risas), sabe de todo y más si hablamos de arte y cine».

A la par trabajaba en la producción de audiovisuales, publicidades, dirigía, creaba contenido para redes sociales… todo esto y más, con un objetivo claro en su mente: viajar y aprender. 

Proyecto Home – Love por Tom Escobar

Ahora su talento está dando que hablar en el país azteca, donde está instalada desde el 2022. Trabajó en una producción para Netflix, vuelca su enorme conocimiento y su manera resolutiva de ver las cosas en un estudio  de arte y en distintos proyectos, cumple nuevas metas, disfruta de la cultura mexicana y se deja sorprender por artesanías en miniaturas que se han convertido en su nuevo ¿fetiche?

Siempre le gustó el cine y el arte en general aunque confiesa que nunca imaginó trabajar en audiovisuales. Al llegar a México sintió que todo lo que había hecho antes terminó de decantar en una idea concreta: «Mi trabajo es con artistas, en equipo y preferentemente con otras mujeres. Esas son las constantes en mi vida. Soy directora de arte y a la vez, concreto las ideas de otros». 

Los tattoos de su brazo derecho nos dieron, sin saberlo, los dos primeros subtítulos de su historia. 

«La mejor versión de mí»: del pasado al presente de Lucila

Como buena libriana, Lu es una excelente mano derecha de la gente, es conciliadora y facilitadora de otros. «Me encanta todo el abanico de posibilidades que se me presenta en la dirección dentro de un ambiente artístico. Es un espacio que me permite crear, ‘jugar’ con otra persona. No me identifico con nada en lo que no deba vincularme con un otro». 

El arte en todas sus formas es lo que ocupa el día a día de la mendocina aunque aclara: «No me considero artista sino que soy buena en equipos de trabajo que tienen que ver con la labor de artistas. Un artista no piensa en la variable tiempo y yo sí». 

Apenas se instaló en la Ciudad de México, Lucila Cairo fue al open studio de la artista colombiana israelí Orly Anan y a los pocos días comenzó a trabajar allí marcando así «un punto de inflexión» en su vida: «Empecé de cero en las cosas que sé hacer».

«Dirijo arte para comerciales, publicidades, videos de música, fotos; a veces soy asistente y decoradora. Y a la vez, en Orly Anan Studio, coordino tiempos de trabajo, presupuestos, organigramas. Si bien siempre trabajé con artistas que ya tenían todo pensado y su obra resuelta y ahora soy parte absoluta de todo el proceso de trabajo que realizan y eso lo disfruto un montón».

¿Te gusta una cosa más que la otra?

Soy muy de mi signo del zodíaco, me gusta tener una mano en cada lado y creo que lo he logrado. Como directora es un crecimiento muy personal, tomo yo todas las decisiones, soy 100% yo. Luego, dentro de publi, sigo un lineamiento, y en lo de Orly el trabajo es más creativo, horizontal y colaborativo.

Proyecto Chancha Vía Circuito por Orly Anan Studio

Lucila se fue de la Argentina por una búsqueda en lo profesional; de trabajar en solitario pasó a integrar equipos y a armar proyectos más horizontales. Y de trabajar con pocos recursos y de «atar todo con alambre», ahora tiene facilidades, opciones infinitas y otras mentes con las cuales co-crear. «No hay carencia de recursos a la cual estamos acostumbrados por lo que la competitividad es menor, tienen otro vínculo con el trabajo, nosotros somos más individualistas y ellos más colaborativos».

¿Y por donde corren los egos?

Espero que por un lado más creativo, en resultados; hay competencia, sí pero no me ha pasado de sentirme avasallada por el ego ajeno. Yo históricamente he trabajado mucho con mujeres y sigo así, quizá por casualidad en un principio y ahora es una decisión. El arte es un espacio donde nos sentimos más cómodas, la lucha de egos no es tan visible.

Hablando de resultados, quisimos saber cuáles fueron los trabajos o momentos laborales más importantes hasta hoy. «El primero que fue divertido y nuevo para mí, Gomitas de CBD para Mesobis en el estudio de Orly Anan. Otro fue cuando me tocó trabajar con Molotov, fue tremendo; hicimos un video para ellos y yo me preguntaba ‘¿cómo pasó esto?’. Y fue importante una performance que organizamos para la artista Hatis Noit en el museo de Museo Diego Rivera-Anahuacalli, fue una locura absoluta porque el lugar es México en su máxima expresión; cuando el show estaba sucediendo me detuve y dije ‘¿cómo llegué acá?’».

Proyecto Mutek por Orly Anan Studio – Fotos por Pol Agusti

 

El «caos» de México según Lucila 

«Siento que todo es como volver a la infancia porque todo se convierte en algo nuevo», comparte con una sonrisa dibujada en su rostro. Y es que redescubre sabores y comidas, conoce personas de distintos lugares y crea nuevas amistades y hasta aprende el idioma.

Sí sí, en la Ciudad mexicana se habla en español pero las cosas tienen otra denominación y existen muchas palabras del universo náhuatl o mexicano. «Nunca pensé que el idioma iba a ser una barrera en mi proceso de migrar, cuando llegué no entendía mucho, unicel es telgopor por ejemplo; y las calles o zonas usan muchas x y la tl, es otro idioma. Ahora ya logré aclimatarme».

«México es salvaje, caótico por momentos», lanzó Lucila y a la vez compartió que por unos años más seguirá siendo su hogar, seguirá trabajando allí y que a futuro le encantaría hacer cine, «migrar a otros formatos de audiovisual» y luego ver hacia dónde le depara todo. «A Mendoza volvería ya de señora, a una casa chorizo con un jardín y jazmín. Ahora siento que me acabo de ir».

 
El «mundo extraño» de miniaturas que persigue a Lucila

«Me sorprenden y maravillan cosas que jamás había pensado. Abrís una puerta y aparece todo un universo», dice que es como cruzar un portal y allí, lo cautivó absolutamente toda su atención son los objetos miniatura.

«La cultura mexicana es en extremo visual, en lo simbólico y en lo decorativo. Todas sus festividades llevan decoración; hay un gran nivel de materialidad de todo y así es como ves muñecos del niño Jesús y del presidente en tamaño mini y hasta tamaño real».

En las redes, Lucila va compartiendo cada accesorio, ropita, calzado, formitas y cositas de tamaño mini que va encontrando en los mercados de artesanos, vidrieras de negocios y hasta en casas particulares. Tal es su asombro cuando se encuentra con una miniatura que no duda en filmarla o fotografiarla. 

«Siento que son como un pequeño símbolo de algo que es mucho más grande, es algo que puede mutar a otra cosa porque de frutas pequeñas y canastitas, alguien arma una frutera y la convierte en un imán. Acá son muy coleccionistas y les encantan las cosas de su propia cultura».

Estas miniaturas que hacen a la vista en puestitos de juguetes, por ejemplo, están relacionadas a las infancias y a la idea de que a toda edad, las personas arman sus altares en los hogares para sus muertos. «Son una fantasía absoluta para mí, me gusta saber quién las hace, por qué ese tamaño y esa forma…».

¿Vos te has armado un altar o rinconcito de miniaturas?

Tengo una colección de cositas que no son de producción industrial. Nada de plástico sino de barro, madera y palma, como la materia prima del objeto real. Me encanta todo lo artesanal relacionado al universo de la cocina porque me parece el espacio más hermoso para estar y porque allí encuentras de todo. 

¿Has pensado sumar miniaturas a tus proyectos?

Por ahí las meto de alguna forma, de refilón. Este año quiero hacerle a mi colección unas fotos que tengan que ver con escalas y estilos… un tipo registro, una especie de mapa visual o libro, por qué no. 

Lucila y Tom Escobar marcaron una generación en Mendoza donde el contenido y la creatividad cobraron valor… dejaron su huella y la pregunta es cómo lo hicieron porque nunca nunca podríamos decir que hubo copia de alguna cosa ya existente. 

«Yo creo que ayudó el ser muy ordenados lo cual implica mucho tiempo tanto de preproducción como de planificación y de estudio. El tiempo es una variable súper importante y no estamos acostumbrados a darnoslo para pensar, descansar y demás». 

Proyecto Mesobis por Orly Anan Studio

La comunicación con clientes también es relevante como así también pensar que «toda decisión es dinero». «Yo soy muy metódica y necesito que todo sea visual, armo planillas y visual board».

Durante la conversación, la directora de arte resaltó que en Mendoza venimos y seguimos teniendo formatos más tradicionales. «Cuesta lo nuevo y diferente; además que lo creativo no está tan profesionalizado, este trabajo no es solamente por amor al arte», expresó.

¿Qué te llevas en la valija de vuelta?

De todo, ropa que había dejado, libros, obras, yerba y alfajores de toda variedad. Toda la comida que pueda entrar porque extraño mucho lo dulce de acá. Desde que llegué no he parado de comer helado ni dulce de leche en todas sus formas. 

 

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