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Anaia, la bodega que emerge de la tierra

Viñedos delineados irregularmente, espejos de agua integrados con la arquitectura disruptiva de la bodega, novedosos mates de concreto para la crianza del vino conforman una escenografía impactante al pie de la Cordillera andina.

La inauguración del nuevo espacio de enoturismo de Anaia Wines fue la excusa perfecta para conocer esta asombrosa bodega que se suma por su espectacularidad a las cavas más atractivas de Mendoza, dando un paso más allá de las propuestas tradicionales ya que gracias al video mapping y tecnología de precisión se viven  experiencias sensoriales únicas en su tipo.

La bodega, un prisma rectangular de 11 metros de ancho por 100 de largo, diseñada por los arquitectos mendocinos Gabriel Japaz y Pablo Guerra, emerge de la tierra, simulando un plegamiento tectónico del cual aflora el edificio con capacidad de hasta 300.000 litros, lo que la posiciona como una bodega pequeña en Argentina. Está equipada con tecnología de clase mundial y un método de fermentación y crianza absolutamente innovador que incluye enormes y novedosos «mates» de concreto o  ánforas de 9.600 litros con un mecanismo basculante, el cual permite mantener en forma selectiva el contacto de los sólidos con los líquidos, minimizando el uso de bombas en remontajes y trasiegos.

«Tanto la bodega como casa de visitas forman parte de un conjunto que dialoga entre sí, donde las visuales hacia la Cordillera entre lagunas de riego utilizadas escenográficamente, permiten un juego de imágenes, reflejos y sonidos del agua que recuerdan que Anaia pertenece al sistema del oasis central de Mendoza, donde el agua como recurso cumple un rol fundamental y a la que se homenajea. El diseño de la bodega está inspirado en la tierra y el paisaje de Mendoza; en su topografía de montañas; en la flora xerófila de sus cerros; en la textura y el color de sus rocas milenarias, y en el cambio de tonalidades terrosas, que responde a distintos estratos que fueron sedimentando a través de miles de años», comenta el arquitecto Gabriel Japaz.

Tal como el vino nace de la tierra, Anaia emerge de la misma con la fuerza de un plegamiento tectónico, en este caso construida en hormigón, que es la «roca líquida» como lo definió Le Corbusier, el arquitecto más influyente del siglo XX. La bodega cuenta además, con una casa de visitas o Business Lodge la que se destinará al turismo corporativo.

Una particularidad de la finca que rodea el establecimiento son sus viñedos, delineados en forma irregular, como si fuesen un vidrio roto. Esta aparente forma caprichosa –que se refleja reiteradamente en el mobiliario, lámparas y etiquetas- responde a la lógica de haber seleccionado cada sector de la finca para las cepas más aptas para ese tipo de suelo, siguiendo el concepto de terroir.

Anaia es un proyecto de capitales principalmente argentinos, encabezado por Osvaldo del Campo, accionista principal y CEO del grupo de empresas Galileo Technologies.

 

 

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